domingo, 28 de abril de 2013

Estás.



Este mundo ha sabido saciarme de todo para ser feliz,

Pero no ha logrado darme amor como el que solo tú me diste; 

Más en absoluto importa, porque nada quiero de ello.

Sólo anhelo sentir que al desfallecer cada noche,

El despertar me otorgue el tibio ser de alguien a mi lado,

Alguien que de momento ocupe el vacío de tu recuerdo,

Que imite tus sonidos, logrando engañar a mis sentidos,

Y que le haga creer a mi maltrecha mente, que aún estás.

Por: David Gregorio Rodríguez G.
Corrección de métrica: Paola Beltrán.

miércoles, 20 de marzo de 2013

El Efecto Mariposa y The Joker: Reflexiones sobre la Teoría del Caos.


(Basado principalmente en la información obtenida en la página “Stanford Encyclopedia of Phylosophy”, y en las películas “El efecto mariposa” y “Batman: El caballero de la noche”).


Han pasado muchos años desde que la humanidad decidió enfrentarse a Dios para encontrar el sentido de la vida y el significado del universo por sí misma, a través de la razón. Sin embargo, parece que la meta de la maximización del conocimiento no ha sido tarea fácil; el mundo es difícil de entender. Durante siglos se ha avanzado sin llegar nunca a estar cerca de la culminación en el estudio del mismo, atacando por todos los frentes, y al mismo tiempo: la física, la astronomía y la matemática funcionan de manera conjunta e inseparable en pro del descubrimiento de las respuestas secretas a las preguntas de la filosofía.

Partiendo del principio de causalidad, llevado a la física por los deterministas Heisenberg y Schrödigner (que podría manifestarse como: “toda acción produce un efecto”), la meta es poder entender cómo se produce éste fenómeno en el espacio tiempo y extraer su cadena de causa efecto.

El “sistema matemático” ha sido sinónimo de orden. Sin embargo, para ser instrumento útil a la realidad, los números han tenido que hacerse maleables, tomando las formas complejas de la realidad. No existe aún el teorema que pueda comprender en su totalidad, en su intrincado ser, el conjunto de elementos que nuestros sentidos perciben al mismo tiempo en un segundo. El físico Bishop, ha denominado “espacio estado” al sistema en el cual se desarrolla su teoría.

El espacio estado es un conjunto abstracto e infinito de puntos matemáticos, en el que cada uno de ellos es un posible estado del sistema a evaluar; para ello se seleccionan las variables cruciales, es decir, aquellas que determinan su movimiento para poder entender la mecánica de dicho sistema. Con fines científicos, se asume que dentro de este espacio se mueve toda la materia, cuya unidad más básica hasta hace algunos años era el átomo (del latín atomum, sin división).

Hoy, la física ha partido del postulado del efecto fotoeléctrico de Einstein para desarrollar la teoría cuántica, en la cual el Quantum no sólo es la unidad de la cual está hecho el átomo (un electrón puede tener de 4 a 5 Q), sino que del Quantum también está hecha la energía misma. De éstas partículas está hecho todo, desde la luz o el aire, hasta nuestra propia piel. 

No las podemos ver, sólo sabemos que existen. ¿Pero cómo podríamos captar el mecanismo que rige su movimiento, en el grado en que  nos permitiera predecirlo?

La ciencia, ajena a la fe desde hace siglos, ha aceptado la “Faithful Assumption” del citado Bishop, que consiste en un supuesto sin mayor fundamento, por medio del cual se busca captar esta realidad a través de un modelo matemático ideal dentro del “espacio estado”. Con cada descubrimiento, con cada avance se supone que este modelo se irá completando y mejorando. 

La fe es creer en lo que no se puede comprobar, y este modelo no puede ser comprobado: la ciencia necesita de la fe. 





Hasta el momento, podemos tener como bases de los siguientes razonamientos, la existencia del “espacio estado” y el Quantum como unidad mínima de la materia.

La tercera base de esta teoría es el postulado DSCI (dependencia sensible de las condiciones iniciales), el cual establece que las características primigenias de un sistema establecen las pautas de su comportamiento futuro. Ante la más mínima alteración de estas condiciones iniciales, todo el resultado podría ser radicalmente distinto.

La multiplicidad de elementos que componen la realidad, la mayor parte de los cuales se encuentra en constante movimiento, hace que los efectos que produce cualquier tipo de causa resulten indeterminables.

Pero, ¿qué es la teoría del caos? Kellert la presenta como “el estudio cualitativo del comportamiento inestable y aperiódico en sistemas determinísticos, dinámicos, no lineares”. En otras palabras, es el análisis de comportamientos desordenados, sus condiciones iniciales y el progreso de su movimiento.

Es particularmente confusa la aplicación de esta teoría en la práctica. Sin embargo, ésta no se opone al sentido común. La mayoría de eventos que suceden en el mundo y que no tienen carácter tecnológico, no se comportan de manera lineal sino que, por el contrario, tienen comportamientos erráticos, impredecibles.

La mayor parte de los hombres nos intimidamos por el hecho de que nos es casi imposible predecir un movimiento telúrico, un huracán o un tsunami, con suficiente tiempo como para avisar a todos los posibles afectados. Estamos al borde de la muerte constantemente, y a pesar de saberlo, no podemos sino ignorarlo, porque dilucidarlo está por fuera de nuestro alcance.

El llamado “efecto mariposa” constituye un ejemplo maravilloso. Una mariposa emperador aletea en las pampas de la tierra del fuego, en la Patagonia argentina. Tres meses después, un tornado se desata en el estado de Texas, en los Estados Unidos, lo segundo fue causado por lo primero. ¿Cómo explicarse tal cosa?

La película basada en la famosa metáfora, trata de aproximar la Teoría del Caos a la vida cotidiana del hombre común. El personaje que Ashton Kutcher representa en ella, modifica algunos hechos de su pasado, y el resultado es nada menos que una vida diferente. Es escalofriante pensar  cómo la más ligera desviación en nuestro comportamiento pasado hubiese producido grandes cambios no sólo en nuestras realidades, sino también en las de todos los que nos rodean.

Si nos sorprende lo que puede derivarse de la aplicación de la teoría del caos a la vida de una  persona en particular, le pido al lector que imagine lo que implica la confluencia de todos esos cambios entre los miembros de un grupo social; sus colisiones y ausencias claramente determinan  los destinos de sus circundantes, en una cadena constante e interminable. 



Heath Ledger entrega, en la mejor actuación de su vida, la mejor explicación de qué implica la entrada del elemento caos a una sociedad:

"Dos Caras/Harvey Dent:

¡Eran tus hombres, tu plan!

Joker:

¿Acaso me veo como un tipo con un plan? ¿Sabes lo que soy? soy un perro que persigue automóviles. No sabría qué hacer con uno si lo atrapara. Tú sabes, yo solo… hago cosas. La mafia tiene planes, los policías tienen planes, Gordon tiene planes. Tú sabes, ellos son planeadores. Planeadores tratando de controlar sus pequeños mundos. Yo trato de mostrarles a los planeadores cuán patéticos son sus intentos de controlar las cosas en realidad. Entonces, cuando te digo… Ah, ven aquí.

Joker:

Cuando yo te digo que lo tuyo y lo de tu novia no fue nada personal, tú sabes que te estoy diciendo la verdad. Son los planeadores los que te pusieron donde estás. Tú eras un planeador, tú tenías planes, y mira a donde te llevaron.

Joker:

Yo solo hice lo que se hacer mejor. Tomé tu pequeño plan y lo volteé en tu contra. Mira lo que le hice a esta ciudad con unas pocas pipetas de gas, y un par de balas. ¿Hmmm? ¿Sabes… sabes lo que he notado? Nadie entra en pánico cuando las cosas van “de acuerdo con el plan”. ¡Incluso si el plan es horripilante! Si mañana, yo le digo a la prensa algo como que un violador va a ser asesinado, o que un camión lleno de soldados va a ser volado en pedazos, nadie entra en pánico, porque todo es “parte del plan”. Pero cuando yo digo que un pequeño viejo alcalde va a morir, bueno, ¡todos pierden la cabeza!

Joker:

Introduce un poco de anarquía. Altera el orden establecido, y todo se convierte en caos. Yo soy un agente del caos. Oh, ¿y sabes algo sobre el caos? ¡Es justo!"

(Traducción libre).

Queda demostrado en el transcurso de la escena, que el mayor riesgo no es ningún fenómeno natural: el verdadero peligro del caos radica en todos nosotros, en nuestra naturaleza veleidosa, en la masa enardecida, en el desorden que implica romper el contrato social, y abalanzarnos los unos contra los otros.

Al fin y al cabo, nuestros cuerpos, nuestros cerebros y por ende nuestras voluntades también están sujetas al determinismo cuántico; son impredecibles y pueden sufrir graves cambios con la más ligera alteración, que puede no sólo ser física, sino también intelectual y moral. El “aleteo” de un pensamiento puede causar huracanes en las sociedades.



Homo homini lupus. Thomas Hobbes. 

jueves, 21 de febrero de 2013

El Chávez Campeador.



Rodrigo Díaz de Vivar era más símbolo que hombre. Los numerosos cantares que cuentan su historia, hablan de un caballero tan valiente, que con sólo su presencia un león ronroneaba cual minino, y un ejército de bravíos otomanos se convertía en una recua en estampida; Un guerrero tan carismático, que cuando fue lanzado en solitario al exilio, regresó a defender a su reino con un ejército a sus espaldas.

La lírica relata el periplo de un noble hidalgo que a pesar de ser ultrajado por su rey en diversas ocasiones, y de tener en sus manos la posibilidad de arrebatarle el mando que él sabía ilegítimo, siguió su código de honor, quedándose a defender el reino de Castilla hasta el final.

Ése era el mío Cid. El personaje legendario más famoso de la cultura española, el caballero andante por excelencia.

Hugo Rafael Chávez Frías se ha convertido, no sólo para la masa venezolana, sino para la izquierda del mundo, en una especie de santo, cuyo estandarte es la redistribución de la riqueza, súbdito del pueblo, fiel al código de honor contenido en las páginas de “El Capital” de Carlos Marx.

Si eso acude a la realidad o no, lo dejo al lector. Pero lo que sí sabemos con certeza es que la política en Venezuela cada día adquiere un aire más enrarecido; un aura de desconfianza cada vez más justificada flota sobre el Gobierno, el cual carece de fundamentos para sostener la fe de la opinión pública.


Aparecieron fotos de Chávez en un ataúd. Luego, declaraciones de sus allegados en las que hablan de una recuperación milagrosa, contrarias a numerosos dictámenes médicos, entre los cuales sin duda habrá rumores y aciertos por igual.

Es difícil discernir entre verdad, mentira y exageración: las fotos en las que Chávez aparece con sus hijas son tildadas de haber sido modificadas con photoshop, y las imágenes del mandatario bajando del avión desde Cuba, son acusadas de ser repeticiones de una grabación antigua. Podemos concluir que en éste momento, no se sabe a ciencia cierta si "Il Principe" sigue vivo o no, pero sí sabemos que no está en condiciones de gobernar.





En la conclusión de los cantares de gesta, se narra la increíble historia de la última batalla del Cid Campeador, quien después de muerto, fue ataviado por su viuda con una armadura nueva, montado en la yegua Babieca, y armado con la espada Tizona, atada a su mano con un trapo.

Con una palmada en la grupa del equino, el Cid se fue dirigiendo la vanguardia de las últimas fuerzas guarecidas en la bien sitiada Cardeña. Sorprendentemente, en ésta batalla el fallecido héroe derrotó a los numerosísimos ejércitos paganos (musulmanes), y en su epitafio se encontraba la siguiente inscripción:


“Cid Ruy Díez só, que yago aquí encerrado
e vencí al rey Bucar con treinta e seis reyes de paganos.
Estos treinta e seis reyes, los veinte e dos murieron en el campo;
vencílos sobre Valencia desque yo muerto encima de mi caballo.
Con esta son setenta e dos batallas que yo vencí en el campo.
Gané a Colada e a Tizona: por ende Dios sea loado.
Amén.”


Lo que, en castellano moderno, traduce lo siguiente:


El Cid Ruy Díaz soy, que yago aquí encerrado
y vencí al rey Bucar con treinta y seis reyes paganos.
De estos treinta y seis reyes, veintidós murieron en el campo;
los vencí en Valencia después de muerto encima de mi caballo.
Con esta son setenta y dos batallas que vencí en el campo.
Gané a Colada y a Tizona: por ello Dios sea loado.
Amén.

¿Podría ser, entonces, que en la hermana patria de Venezuela se está poniendo en práctica tan antigua táctica, con la intención de correr la misma suerte de los ejércitos cristianos en el Valle de los Pedroches?

En la presente coyuntura, la sospecha es más que válida. 

viernes, 15 de febrero de 2013

Ozymandias Melancholia.




En ocasión del reciente miércoles de ceniza, y con algo de interés propio en el tema, quiero compartirles la más perfecta denominación de un sentimiento, que espero no ser el único que invade de vez en cuando, y que no había podido explicar hasta que Woody Allen pudo darme algunas luces en la película “De Roma con amor”: se llama “Ozymandias Melancholia”.


El término viene del poema de Percy Bysshe Shelley, un autor británico que habla sobre la estatua de un antiguo monarca llamado “Ozymandias”, (éste era el apodo de Ramsés II, cuya estatua se encuentra en el museo británico). Dice que después de ser el símbolo de poder, luego de retratar en la cara del monarca la arrogancia característica de quien se encuentra en la cima del mundo, se encuentra destruido, abandonado; no es ya sino un recuerdo.



Ozymandias


Conocí a un viajero de un antiguo país
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:

"Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!"


No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden las solitarias y llanas arenas.


Percy Bysshe Shelley



En dos de sus películas, Allen hace referencia a dicho poema. Cuando es inquirido sobre el tema, explica lo siguiente:


“Es una descripción perfectamente válida de un fenómeno particular. Es ese sentimiento de tristeza y depresión que obtienes al darte cuenta de que no importa cuán grande, majestuosa e importante es una cosa en el momento, con el tiempo pasará. Es justamente esa decadente estatua de Ozymandias, antes una magna estatua, ahora un fragmentado trozo de mármol en el desierto. Entonces, tienes ese sentimiento depresivo porque te da un sentido de la inutilidad de la vida, que todo para lo que estás trabajando, y todas las cosas que parecen tan significativas, son nada.”




All we are is dust in the wind.

miércoles, 30 de enero de 2013

El increíble Manchester United.

Hoy quiero contarles la historia de cómo me volví fan del mejor equipo del mundo.

Era una mañana de vacaciones, allá en el año 1998, en la cual a mis nueve años, aún no había visto suficientes fracasos de mi selección nacional como para empezar a pensar en un sustituto, aun cuando fuere uno temporal, para animar en el mundial. El partido contra Inglaterra era la última oportunidad de Colombia para pasar de ronda, y el rival venía con la necesidad de ganar.  

Mi moral llegó a su punto más bajo al ver cómo, con un certero disparo, se clavaba la última puntilla del ataúd de mi equipo: la puso un jugador inglés que tenía mi mismo nombre, por el que todas mis primas suspiraban, y del que la empleada del servicio tenía un póster en su habitación.

Ese majestuoso disparo me hizo pensar que ése era el mejor jugador del mundo, y no Zidane, o Ronaldo, quienes en verdad demostraron su calidad en ese mundial, no; el mejor era el que se llamaba como yo.

Cuando era niño, sufría de insomnio. En alguna madrugada en casa de una tía, emitieron una repetición de la reciente victoria del Manchester United en la Copa de Campeones de Europa.




Primero los comentaristas hicieron memoria de la ocasión: los Red Devils venían de dos juegos importantísimos en menos de una semana: acababan de ganar la Premier League Inglesa en un partido en el que además, lograron revancha contra el Tottenham Hotspur, un rival que les había quitado todo la temporada pasada. Justo después, el aclamado equipo rojo había ganado el torneo de fútbol más antiguo de la historia, al vencer al Newcastle United, luego de derrotar al famoso Arsenal F.C. en el último minuto con gol de un guerrero formado en las canteras de Old Trafford llamado Ryan Giggs.

La filosofía de éste equipo, era de nunca rendirse, “the never-die attitude”, y ese era el modo como había llegado a ese punto, decían los periodistas.


Así que, los rojos se posaban en el estadio, con el cansancio acumulado que les significó jugar y ganar los anteriores partidos, para después viajar hasta Barcelona; Sin embargo se les veía alegres y motivados. Parecían a mis ojos, aquellos guerreros que se encaminaban hacia el pasaje de las Termópilas, conociendo su debilidad, pero sin un ápice de miedo en sus ojos. De frente Peter Schmeichel, un gigante nórdico con la banda negra en su brazo derecho y con el balón en sus manos.


Una toma del túnel de salida me mostró de nuevo a David Beckham, mi jugador favorito del pasado mundial, quien, inexplicablemente para mí, no era el capitán. Había que apoyarlo.


Pero nada de eso importaba, ya era hora del espectáculo. Y tan pronto como inició, la ilusión se echó a pique. Un jugador rival, por medio de un tiro libre, marcaba el primer gol. El United jugaba pésimo: el tan admirado “Becks”, esa noche era un patético perseguidor de los veloces alemanes.

El verdadero ídolo era el portero. Schmeichel volaba entre los palos, salvando una y otra vez al equipo que yo había decidido apoyar minutos antes. Terminó el primer tiempo, y mi escasa voluntad movió el canal hacia los dibujos animados en la pausa de medio tiempo.

Justo cuando recordé de lo que me estaba perdiendo, volví a sintonizar el canal deportivo, y vi una de las escenas más sublimes que he visto en mi vida: faltando tres minutos de reposición, el Bayern Múnich cede un corner, y David Beckham lo cobra, ¡en dirección al arquero Danés, que había subido a disputar el balón! Luego de una confusión, el jugador canterano que había marcado ese gol definitivo, da media volea sin disparar al arco, sino que le hace un pase a Teddy Sheringham, quien justo al lado del palo anota la igualdad.

Era lo máximo. Ese equipo que parecía invencible había sido resquebrajado, el muro germano del mítico Oliver Kahn ya no era infranqueable. Un golpe anímico llenó a los jugadores, y en el siguiente minuto ocurre lo imposible: Beckham hace un nuevo cobro, y esta vez el que marcó el gol, Sheringham, no cabecea hacia al arco, sino que con un maravilloso giro de cuello, le deja a Ole Gunnar Soljskaer el balón en sus pies. No sobra añadir que éste último aprovecha la oportunidad y marca, causando un estallido en el recinto.

El estadio a los pies del United, la celebración de todos los jugadores, los comentaristas extasiados, el público enloquecido, el enemigo en llanto. El Manchester United F.C. se había convertido en el equipo más exitoso de la historia del fútbol inglés. La palabra increíble no se me salía de la cabeza, y sentía ganas de llorar. No podía dormir, y fue entonces cuando lo decidí: yo nunca me rendiría tampoco, iría hasta el final por ese escudo.

Ese, señores, es el amor a primera vista con respecto a un equipo de fútbol.



viernes, 11 de enero de 2013

La paradoja de las muñecas rusas.



En uno de aquellos momentos epifánicos en los que muy de vez en cuando nos encontramos aquellos hombres que aún contamos con algún sentido del asombro, se revelan verdades que aunque evidentes, no siempre son tenidas en cuenta.

Las mujeres que pasan por la vida dejan siempre alguna huella. La razón por la cual ellas han sido a las cuales has accedido, y no a otras, y el motivo por el cual cada vez parecen más maravillosas en la cama, inteligentes y centradas, amorosas y entregadas, es que dicho progreso por ninguna razón es coincidencial.

Por azaroso que parezca, el camino bien andado va dando sus frutos; saber lo que se quiere en cuanto a mujeres se trata, es uno de muchos.

Al final, si se es inteligente y prudente, se encuentra a esa persona que no es similar, sino exactamente igual a lo que uno se imagina cuando de modo onírico ve el futuro.

Contrario a lo que se cree popularmente, el modo más sencillo es el correcto; perder es cuestión de método.

De eso se trata la vida de un hombre: de abrir una y otra vez muñecas rusas, una tras otra, hasta llegar a la última, la que ya no contiene a ninguna otra. Y así hay que aceptarlo; cada vez que duela, se da media verónica, y se deja pasar a la mujer, para que siga con su vida, en vez de embestir la tuya.